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Los tres pilares

 

Al reflexionar sobre las condiciones del proceso iniciático y la vivencia cotidiana de la espiritualidad hermética y ogdoádica, venía a mi mente los tres pilares que sustentan el desarrollo individual en nuestra Orden.

 

Para mí, la cuestión de lo numinoso - palabra que prefiero ante ‘espiritual’ - tiene un claro componente transpersonal y transracional. Una experiencia numinosa, o espiritual, tiene que ver con aquello que nos trasciende, aquello que está, por definición, más allá de nosotros. Una experiencia de este tipo conlleva un movimiento hacia lo externo sagrado, lo Otro en términos de lo divino.

 

Pero, yo al menos, no tengo una experiencia cumbre todos los días, ni todos los años. Por razones que son obvias y que tienen que ver con la propia composición de una experiencia tal y el sendero que hasta ella dirige; y también porque a diario mi condición humana exige lo propio a sus responsabilidades y compromisos, así como a sus pasiones, sus placeres y deseos.

 

La condición de iniciado comprende una especie de existencia en dos mundos, que corre paralela la una a la otra y que está llamado a fundamentar nuestro conocimiento de la realidad, de nuestra conciencia y de lo que está más allá de nosotros mismos.

 

El camino desde la cotidianidad hasta la experiencia de los poderes numinosos y divinos se apoya entonces en los tres pilares que fundamentan el trabajo de nuestra Tradición: Teurgia, Filosofía y Teología.

 

La Teurgia es el camino ritual que desciende de los estados de conciencia transracionales, desde los mismos poderes divinos, hasta nosotros y nos ayuda a recorrer el sendero de regreso hasta ellos, gracias a la Tradición y la herencia que a través de los siglos ha pasado de Maestro en Maestro, de Orden en Orden, y que ha mantenido viva la Tradición Ogdoádica. Jámblico, el maestro teurgo de Siria, veía en ella un origen claramente divino, y explicaba cómo en su práctica, a veces por medios incomprensibles para la razón, lo divino en nosotros llamaba a y era llamado por lo divino fuera de nosotros, provocando la purificación y liberación de nuestra alma.

 

Yo atesoro cada momento de práctica teúrgica como si en sí mismo fuera un misterio indescifrable. Pero ¿qué hacer en el resto del tiempo que vivo en mi vida cotidiana? ¿Acaso no tiene ninguna relevancia para este sendero mágico y numinoso? En la Tradición Ogdoádica, para responder a esta pregunta, viene en mi ayuda la Filosofía.

 

‘Vivir con filosofía’ se convierte ahora en algo más que una expresión, es una necesidad, comparable a beber agua fresca o hacer ejercicio. La salud de nuestra mente, nuestra capacidad de dirigirnos racionalmente, la forma de responder ante nuestras pasiones y deseos, etc; todo ello se abre en el corpus de enseñanzas filosóficas que los Grandes Maestros de nuestra Tradición nos legaron, y el esfuerzo por aplicar la filosofía de sus enseñanzas y experimentar con ellas en nuestras vidas, en el ejercicio diario.

 

Y a veces, no todos los días, siento la llamada hacia algo que está más allá de mí mismo, de forma tímida y casi imperceptible. Mi alma y mi razón desean la contemplación de una belleza superior, de un bien incontestable. Ahí viene el tercer pilar, la Teología, a enseñarme la contemplación de los Dioses, la mística hermética del alma y el nous, la meditación, el silencio y la soledad.

 

Y así voy viviendo. Como todos, mi vida personal no está exenta de sus bajadas y subidas. Y justamente la flexibilidad de este camino que he escogido me permite caminar por mi vida con un pie en cada mundo.

 

Sí este escrito ha resonado aunque sea un poco en ti, te invito a unirte al Pronaos de nuestra Orden y comenzar tu camino en esta maravillosa Tradición.

 

¡Nos vemos en el sendero!

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