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El mito del Héroe Solar, el Sí mismo y la Iniciación de los Misterios

 

 

 

En todos los grandes sistemas iniciáticos y esotéricos hay un punto del recorrido en el que el individuo es confrontado ante el misterio de su propia existencia. Y al decir esto, me refiero al profundo sentimiento, imposible de evitar, de la pregunta sobre la identidad y la realidad de su propia existencia, que vibra desde cada fibra del ser.

 

No sin razón, las personas que se acercaban al Oráculo de Delfos en la Antigüedad eran confrontados con la inscripción “Gnothi seautón” sobre el Pronaos del Templo. Este “conócete a ti mismo” era considerado uno de los Misterios principales que el individuo debía descubrir en su ascenso por la senda espiritual.

 

Nuestra tradición ogdoádica comprende varios símbolos que hacen referencia  a este misterio, dirigidos específicamente a su realización práctica en la vida interior. Tomando, por ejemplo, la Cábala, parte de la herencia de nuestra Orden, observamos el Glifo del Árbol de la Vida, que desciende de la primera sefirot, que representa el principio de la Gloria, hasta la última, el Fundamento del orden físico y material, y vuelve a ascender mostrando el Sendero de Retorno del alma al mundo espiritual. Como también explica el Gran Maestro de nuestra Orden, Jean-Louis de Biasi, en su libro Rediscovering the Magick of the Gods and Goddesses, la Tradición Ogdoádica cuenta con un sistema previo a la Cábala, el Ascenso Neoplatónico, que desciende desde el círculo de los doce principios zodiacales por la escalera de los siete planetas hasta nuestro mundo material y vuelve a ascender de nuevo.

 

Lo que nos interesa es que, en ambos sistemas -en la Cábala la sefirot de Tipharet que representa la Belleza Solar, y en el Ascenso Neoplatónico el propio planeta en sí- aparece el Sol como una realidad espiritual llamada a ser integrada en el espíritu del iniciado. Relacionados con el Sol, y para ayudar en esta lid, vienen los mitos de los Dioses Solares a ayudar con sus símbolos y enseñanzas.

 

Ahí encontramos a Osiris, que tras morir a manos de su hermano Set, es resucitado a la inmortalidad, concibe al hijo Solar, Horus, y adquiere el poder sobre la muerte. También tenemos los Misterios de Mitra y de Eleusis, con la enseñanza de la inmortalidad y la resurrección de la vida tras la muerte. Lo que me gustaría resaltar es que estas realidades espirituales contienen tanto una realidad externa como interna, para afirmar el principio hermético de la Tabula Smaragdina: “Como es arriba es abajo”.

 

Esto es algo que entenderemos mejor si nos acercamos por un instante a escuchar a un maestro moderno, Carl Jung, cuando escribió sobre el Sí mismo. Así vemos cómo el ser humano está continuamente en la búsqueda de una prueba de su existencia, que instintivamente -quizá por mantenerse en una suerte de “infancia espiritual”- busca en un Otro, como figura paterna. En cambio, la idea del Sí mismo, el Aión junguiano, nos remite a la misma realidad espiritual que late en el Misterio Solar.

 

El individuo es entonces confrontado con la realidad de su Ser más profundo, con la  autosuficiencia, independencia y absoluta soberanía de su realidad espiritual, el Sol Interior que brilla en los abismos de la existencia. Es el “conócete a ti mismo” que apunta en la dirección de una libertad espiritual. El hecho de que esto se realice por una vía teúrgica, como es el caso de nuestra Orden, subraya el hecho de la realización y el descubrimiento.

Es por ello, que como dice nuestra web en el apartado de Currículum, al iniciado se le da un nombre mágico, no para que se apoye nuevamente en una autoridad exterior, sino como reconocimiento de su realidad espiritual y mágica individual.

 

Es natural temer la propia libertad. Hay en ello la percepción de un riesgo instintivo de que ser quienes realmente somos, y encontrar en ello la afirmación de nuestro ser, conlleve una muerte de lo que hemos sido hasta ahora. Pero como el mito osiríaco nos enseña, el que cruza las puertas de la muerte lo hace para resucitar a la eternidad.

 

Estos temas complejos, de multitud de capas y matices, son para muchos de nosotros una realidad todavía inalcanzable. Pero su eco se escucha reverberando  a través de la Escalera del Ascenso, en cuyos símbolos depositamos nuestra fe y anhelo más ardien