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La experiencia numinosa y el arquetipo del Teophoros

 

Las experiencias numinosas conforman un grupo de experiencias espirituales que son descritas por aquellos que las viven como un tipo particular de experiencia cumbre espiritual. Por sus cualidades características y la función que cumplen en el proceso del desvelamiento espiritual, estas experiencias tienen un significado constructivo especial para el adepto e iniciado.

 

Analizando la experiencia numinosa, podemos descubrir varias características distintivas:

 

-La primera de ellas es que la experiencia numinosa irrumpe sin aviso, aparentemente ajena a toda causalidad, de forma imparable e incontenible. Característico de estas experiencias es, pues, el recibirlas en medio de la vida cotidiana, cuando la mente consciente está enfrascado en los quehaceres diarios. Ya sea cocinando, atendiendo las responsabilidades del trabajo o en mitad del tiempo de ocio, sin saber porqué el espíritu se ensancha sin aviso, el alma se inflama del fuego secreto y la persona se ve arrastrada por la furia pasional divina sin que haya podido prepararse para la experiencia que va a recibir.

Por supuesto, la experiencia numinosa no ocurre sin razón.  Es el producto de una práctica espiritual continuada y sincera, y de un esfuerzo diario por alcanzar la pureza e integridad moral.

La persona que atraviesa esta experiencia, con facilidad hablará después de ella como si fuera una experiencia cumbre.

 

-La segunda característica de la experiencia numinosa pone de manifiesto su diferencia con las experiencias espirituales. Y es que mientras en una experiencia espiritual la conciencia personal resulta necesaria para que, al participar conscientemente en la práctica espiritual, la experiencia espiritual dé comienzo y se mantenga el tiempo que dure la propia práctica en sí; en una experiencia numinosa, si la persona intenta participar de la experiencia, retirándose de lo cotidiano para aprovechar el instante numinoso y realizar su práctica espiritual, ésta experiencia numinosa cesa por completo.

Una de las enseñanzas de estas tipo particular de experiencias es, por tanto, que tanto su origen como su objetivo se encuentran más allá de la conciencia personal. Lo que comenzó sin la intercesión de la mente consciente, no necesita de la mente consciente para terminar.

 

-La tercera característica de estas experiencias está íntimamente relacionada a su atributo de inevitabilidad, pues es común a todas ellas el que, tras haber pasado esa primera parte de expansión espiritual, la persona que atraviesa esta experiencia se ve sumida en un espacio de desasosiego, miedo atávico e incluso terror sin objetivo ni razón alguna.

Algunos explicarán que esto es producido por la irrupción de la experiencia, que lleva a un temor provocado por la incapacidad de controlar la propia experiencia en sí, y aunque puede parecer que tengan parte de razón,  yo opino que este temor característico de lo numinoso responde a otra razón bien distinta.

Una experiencia numinosa es, al final, la irrupción de lo Otro en la psique sin previo aviso. Una vez atravesada la etapa inicial de la experiencia, caracterizada por el acercamiento de la furia pasional divina al adepto, la verdadera experiencia cumbre comienza cuando la persona empieza a sentir que le invade un terror irracional, acompañado a su vez de una fascinación y atracción por la experiencia que se está viviendo, y es que es entonces cuando el Otro Sagrado irrumpe completamente en los cuerpos sutiles del iniciado.

Ese temor atávico, ese miedo casi biológico,  es el temor instintivo e inconsciente de la personalidad yoica ante su propia disolución y es una característica propia de la irrupción psicológica del Otro en el mundo psíquico de la persona.

Esta parte de la experiencia es realmente el momento cumbre, pues ahora el iniciado debe descubrir lo que se halla al otro lado de ese miedo ancestral, y atreverse a cruzar las puertas del conocimiento,  controlando sus emociones y sentimientos y abriéndose a la percepción de la gran bendición que ese instante supone para su vida interior.

 

Los misterios, a mí humilde entender, están particularmente relacion